Reuniones y Conferencias de Renovación

Un medio que refuerza el control mental en una secta es la inducción de la creencia de que única y exclusivamente en el seno de un grupo y de sus actividades, es posible el progreso espiritual. Así por ejemplo, en la Rosacruz Áurea se nos inducía a creer que dicha escuela poseía un campo de fuerza, que he mencionado era una esfera de influencia espiritual, la concentración invisible de una fuerza mística procedente de una “sobrenaturaleza” divina que era reforzada o alimentada por las actividades grupales en conexión con los Maestros. Se entendía que sola y exclusivamente en el interior de ese campo de fuerza, o sea en el seno de esa Escuela, era posible recibir el necesario alimento espiritual. Este concepto se enfatizaba con la expresión “Unidad de grupo”.

Quedaba suprimida toda independencia, toda posibilidad de un desarrollo del alma fuera de ese campo de fuerza. De hecho, la actividad fundamental de este grupo era precisamente el reunirse tanto como fuera posible, para retroalimentarnos en ese ambiente. Por eso las actividades periódicas obligatorias, cada vez más frecuentes y con un irrazonable grado de exigencia de desplazamientos y convivencias, absorbían la vida del alumno.

La inmersión en un ambiente semejante, en una insana espiral de entusiasmo acrítico, resultaba contagiosa. Todo el mundo se imbuía de la idea de que era necesario llevar a tal grado las actividades en común, disociándose cada vez más del medio social y familiar, y haciéndose cada vez más difícil la compatibilidad entre la pertenencia a la secta y una vida normal; aumentándose el grado de estrés y llevando a los adeptos a niveles más o menos acusados de tensión nerviosa que los exponían a ver deteriorado su equilibrio mental y emocional.

Lo que empezaban siendo conferencias espaciadas, acababa por convertirse en un sinfín de actividades. Un alumno término medio se veía obligado no ya solo a asistir a las conferencias y charlas habituales del centro local, sino también a unos servicios religiosos que solían tener lugar en tardes de sábado o domingos por la mañana, o ambos, aparte de otras actividades locales.

Pero lo más fuerte es que todos los meses se organizaban las “Conferencias de Renovación” en un centro nacional, lo que obligaba a desplazarse cientos de kilómetros y pernoctar fuera, por supuesto a costa de los alumnos, en un fin de semana. Era obligatorio, a partir del grado probatorio, asistir a al menos seis de estas conferencias al año, aunque la influencia ambiental tendía a arrastrar, tanto a alumnos preparatorios como a probatorios, a asistir a tantas como fuera posible. En ocasiones especiales, como fin de año, estas convivencias se prolongaban algunos días más.

Estas conferencias eran alocuciones de carácter religioso, bastante estereotipadas y repetitivas, que acababan por hacer mella en los asistentes. Guardo de los primeros tiempos, cuando aún no existía el Centro de Conferencias y éstas se realizaban en una de las principales sedes locales, la imagen memorable de un señor trajeado a la puerta del llamado Templo, con el maletín abierto para ir llenándolo de billetes cobrando las cuotas preestablecidas, por asistir al evento descrito. Todo fuera para que el grupo no pasara dificultades económicas, pues había que mantener todas las infraestructuras y locales que los dirigentes nacionales e internacionales ordenaron edificar.

Pertenecer a este grupo no dependía de aportaciones voluntarias, sino de cuotas establecidas, cada vez mayores conforme se ascendía de grado. Y tales requerimientos dinerarios de la Rosacruz Áurea también ocasionaban un aumento de la presión, y de los niveles de estrés de sus alumnos; pues tenían que satisfacer dichas exigencias, no ya solo de tiempo, sino de dinero para cumplir con los estándares establecidos.

Autor entrada: Lcdo. César Grau Mompó

Abogado, licenciado especializado en Derecho Público, con práctica en Derecho Privado, Valencia, España. Realiza estudios especializados en movimientos ocultistas esotericos, con investigación personal sobre la secta Gnóstica Samaeliana y sobre los Rosacruces