Origen de la Rosacruz Aurea

Pronto comprendí que para entender a la Rosacruz Áurea y la irrupción de los movimientos rosacruces modernos, hay que saber que la atmósfera literaria de principios del siglo XX, estuvo marcada por la súbita aparición de la Sociedad Teosófica, suscitada por la fuerte influencia de las Ordenes Masónicas y de los Rosacruces en las sociedades europeas, desde el siglo XVIII. La literatura como medio de comunicación masiva ejerció el impacto necesario para la consolidación de agrupaciones que compartían creencias particulares, conectadas entre sí por la misma ideología básica, sustentada por las creencias paganas y chamánicas, que habían sido transmitidas de generación en generación, a través de los siglos, desde mucho antes del cristianismo, pero que a partir de los cristianos, fueron entremezcladas y sincretizadas con esta religión, para suscitar la formación de muchos grupos gnósticos, tales como los cátaros, encratitas, abraaxas, naasenos, cainitas, etc. En fin, el origen de las creencias que suscitaron la formación de los rosacruces y de los masones, es el sincretismo entre la doctrina cristiana y el paganismo griego, influenciado por el chamanismo (contactar espíritus y relacionarse con ellos) de la antigua Grecia.

Dentro de la historia de la formación de la Rosacruz Aurea, se distingue el personaje histórico de Helena Petrovna Blavatsky, una medium espiritista rusa quien, junto con el coronel norteamericano Henry Olcott, creó en Nueva York, en 1875, la Theosophical Society, que posteriormente sería liderada por la activista inglesa Annie Besant. La Sra. Blavatsky contaba que desde su infancia, solía ver a su lado a un enigmático maestro o santón, el Mahatma Morya, un auxiliar etéreo con el que únicamente ella estaba en contacto. Ya de adulta, y según narraba, habría viajado a la India y al Tíbet, lugares en que los Maestros o Mahatmas la habrían aleccionado en las ciencias ocultas.

Fruto de estas supuestas lecciones, y en el contexto de la Sociedad Teosófica, se exponía una serie de revelaciones sobre el origen del ser humano, su constitución interna invisible y su desarrollo evolutivo, en el marco de una asombrosa concepción del cosmos, que fascinaría a varias generaciones de “buscadores de la verdad” y que quedarían plasmadas en la monumental Doctrina Secreta, un denso y abrumador compendio de enseñanzas esotéricas.

En un cuadro cósmico muy amplio, pero poco científico, en el que todo tenía explicación y cobraba significado, los amantes de lo maravilloso descubrían cómo, con el desarrollo de poderes ocultos como la clarividencia, tenían acceso a los últimos secretos de la naturaleza, al conocimiento del origen de los mundos y su desarrollo y devenir cósmicos, así como a los procesos evolutivos a través de los cuales el alma humana reencarnaba en cuerpos cada vez más perfectos y ascendía a estados más elevados de conciencia.

Una escisión de este movimiento fue la Sociedad Antroposófica de Rudolf Steiner quien, en el primer tercio del siglo XX, seducía a sus auditorios alemanes anunciando sus extraordinarios descubrimientos en el mundo oculto, fruto de sus investigaciones, según él, con su avanzado poder clarividente, y exponía las novedosas teorías pedagógicas Waldorf y de agricultura “biodinámica”.

El año 1909 fue clave en la aparición de los grupos rosacruces contemporáneos. Por una parte, Harvey Spencer Lewis fundó la AMORC en Estados Unidos, tras un viaje a Francia en el que decía haber sido iniciado por venerables sabios rosacruces; su misterioso encuentro con uno de ellos en Toulouse, un astrólogo que lo esperaba con su carta natal sobre la mesa después de haberlo inducido mentalmente a venir a una vieja mansión, haría las delicias de un amante de la saga de Harry Potter. Y, por otra, el ex teósofo Max Heindel fundó en ese año la Rosicrucian Fellowship o Fraternidad Rosacruz, ubicada en Oceanside, California, tras supuestamente ser iniciado en Berlín por los Hermanos Mayores. De este último grupo se desgajaría, unas décadas después, el Lectorium Rosicrucianum, hoy Rosacruz Áurea.

Autor entrada: Lcdo. César Grau Mompó

Abogado, licenciado especializado en Derecho Público, con práctica en Derecho Privado, Valencia, España. Realiza estudios especializados en movimientos ocultistas esotericos, con investigación personal sobre la secta Gnóstica Samaeliana y sobre los Rosacruces