Profecía Rosacruz de Jan Van Rijkenborgh "La Gran Farsa Venida de Cristo"

Obediencia y Fidelidad

Creí Ciegamente Todo lo que Me Decían

El sistema de creencias en que entré, tuvo como principal líder, al fundador de la Escuela Internacional de la Rosacruz de Oro, Jan Van Rijkenborgh, que allá por el año 1956 dio unas conferencias que publicó en el libro Desenmascaramiento, en las que profetizaba en detalle unos graves acontecimientos que, según decía, se cernían sobre la humanidad: La Gran Farsa, como se denominaba a un “falso o impostado retorno de Cristo”, el cual sería sobre las nubes del cielo, orquestado por las entidades del “Más Allá”. Una profecía que asustaba, porque venía para implantar una dictadura teocrática en el orbe terrestre.

Se supone que todos veríamos un espectáculo alucinante del ‘retorno de Cristo’. En círculos internos de la secta corrieron algunos rumores sobre que dicha “Farsa” podría tener lugar a principios del decenio de 1990, justo cuando yo estaba allí. Lo que sí que parecía claro era que más allá del año 2001 no parecía probable que el entonces Lectorium pudiera seguir realizando su trabajo de cosecha espiritual. El Sr. Jan Van Rijkenborgh enfatizaba que la Gran Pirámide de Keops señalaba claramente el año 2001, aunque nadie supo muy bien con base en qué criterios o cálculos. El libro, que hoy causaría vergüenza ajena, parece que ya no se edita; yo lo tuve y lo leí, y en aquel entonces estaba bien visible en las estanterías del centro local que frecuentaba.

Algún ingenuo alumno preguntaba de vez en cuando cómo andaba eso de la Gran Farsa, a lo que el dirigente local, como no podía ser de otro modo, decía que estaba en preparación.

Todo esto venía porque los Grandes Maestros transfigurados de la Rosacruz Áurea, y liberados del mundo caído, divinamente habían desarrollado tan grandes poderes de visión, que les permitían adelantarse a tales hechos y anunciarlos públicamente para que la humanidad estuviera prevenida ante semejantes amenazas. Así pues, los alumnos nos hallábamos ante un dilema apremiante, entregarnos a este grupo con todas nuestras fuerzas, o sucumbir con el resto de la humanidad al engaño de las oscuras entidades del Más Allá. El dilema se planteaba así: El fascismo teocrático o la transfiguración.

Una fidelidad que raya en fanatismo era un valor absoluto, muy por encima del amor a la verdad, o a la justicia en sentido objetivo, puesto que todo lo que hubiera, fuera del campo de influencia de la Rosacruz pertenecía al mundo caído de la ‘dialéctica’. Todo lo que pudiera hacerse o decirse en beneficio de esta organización había que hacerlo, y abstenerse de lo que la pudiera perjudicar. El sentido de lo justo o verdadero perdía su valor, objetivamente hablando, y únicamente recobraba su sentido, si servía a los fines liberadores de la Escuela Rosacruz. Nada era ya verdad ni mentira: todo dependía del color del cristal con el que se mirara.

Entre las exigencias de comportamiento fijadas en esta “escuela espiritual”, las que eran rigurosamente obligatorias a partir del grado probatorio, se hallaba la dieta lacto-ovo-vegetariana, no por motivos éticos, sino por razones esotéricas, y también la prohibición de usar pieles, fumar, tomar bebidas alcohólicas, consumir drogas y ver la televisión.

Se exige firmar y presentar un escrito de apostasía o renuncia a la anterior iglesia a la que se perteneciera. Se prohíbe la adhesión a partido político alguno y, por supuesto, a ninguna comunidad religiosa u otro grupo esotérico. No era posible la donación de órganos ni autorizar la práctica de autopsias, y el cuerpo del difunto no debía ser sepultado sino incinerado, justo a los tres días y medio del fallecimiento.

Autor entrada: Lcdo. César Grau Mompó

Abogado, licenciado especializado en Derecho Público, con práctica en Derecho Privado, Valencia, España. Realiza estudios especializados en movimientos ocultistas esotericos, con investigación personal sobre la secta Gnóstica Samaeliana y sobre los Rosacruces