Misión Carismática Visión G-12

Misión Carismática Internacional

¡Hola, quizás te identifiques conmigo!

Soy Yulis Salas, y lo que voy a contar ocurrió cuando yo era una niña de 13 años de edad, que estudiaba en una escuelade Bucaramanga, Colombia.  Cursaba el cuarto año de Bachillerato en la escuela, así llaman a la instrucción secundaria que reciben los adolescentes en Colombia. (En otros países llaman Bachiller a una carrera universitaria.)

Una compañera me invito a una reunión, donde, me dijo, aprendería a ser mejor persona, y conocería a alguien que me amaba tal y como soy; pero la manera en que me lo dijo, me hizo sentir culpa por desconocer algo tan importante; y es que era una niña sencilla y muy inocente; por eso, respondí sorprendida, diciendo que sí iría. Sentía también gran curiosidad, pero sobre todo con un fuerte deseo de cambiar, y por eso, acepté ir a esa reunión a la que fui invitada.

Con mucho esfuerzo conseguí los pasajes para ir, pues mi mamá no podía darme dinero extra, ya que ella mantenía a tres hijos. De ese modo pedí ayuda para ir, animada porque la joven que me invitó, me dijo: “Consigue dinero para un pasaje, que yo te doy para regresar a casa.”

Al llegar a la reunión, noté que casi todos los presentes eran jóvenes, mayores que yo, pero jóvenes al fin. Aquel día hablaron del perdón, de la obediencia y, según ellos, de conocer a Jesús, quien sería mi novio o esposo, y tenía que serle fiel por ser mi esposo, así como mi guía y acompañante, a partir de ese día. Era un lindo sentir pensar que Jesús era mi esposo y guía, pero también me dijeron que ellos estaban allí para guiarme, y que mi fidelidad se notaría en mi obediencia a ellos, que eran los líderes de la G-12; o sea, que Jesús me guiaría si me dejaba guiar por ellos, y podría serle fiel, si le era fiel a ellos, que eran los bendecidos de Dios. Como me hablaron y trataron de una manera tan bonita y agradable, abandoné aquél lugar con ganas de regresar.

La verdad es que ahora que lo analizo todo bien, lo que ellos hicieron conmigo fue manifestarme interés y valerse de la estrategia de averiguar mi necesidad, para prometerme lo que más yo deseaba, pero si hacía exactamente lo que ellos me ordenasen. Al momento de conocerme averiguaron e indagaron mis mayores necesidades, con preguntas bien directas, tales como: “¿Cuál es la intención por la que quieres que oremos? ¿Cuál es tu mayor necesidad?” Preocupándose por mí, me conocieron para saber de qué hablarme, mantenerme motivada y comprometida. Así quedé, enganchada e invitada a un encuentro de 3 días, en el cual junto a otros jóvenes, me hicieron hacer varios pactos con Dios, lo cual es demasiado serio para cualquier persona de fe. Entre los pactos tuve que hacer uno de servir a la Visión G-12, y ese nada más hace sentir a uno totalmente adherido al grupo; y por eso terminé sintiéndome completamente amarrada a ellos. También hice otro pacto de no poder decir nada de lo vivido, por lo que nadie sabría a lo que fui sometida. Tiempo después, aunque lo deseaba, no podía salir de allí, y lo peor es que nadie podía ayudarme a entender cómo hacerlo. Esto explica porqué cuando se va al encuentro es que logran reclutar a las personas como miembros de la Visión G-12.

Una vez reclutada dentro de las filas de los nuevos miembros adeptos, manipularon mi conducta utilizando varias estrategias, una de ellas fue la de ofrecerme puestos de privilegio, respeto y admiración. ¿Quién no quiere eso? La condición para conseguirlo era serles fiel. Manipulaban mi estima, jugando con mi ego. Y más yo que era una niña de 14 años. Los niños, a través de su desarrollo, viven sujetos a constantes críticas y regaños, y bajo fuerte presión someten su criterio y conducta a la autoridad de sus superiores; así es como van adaptándose a su entorno social. Los líderes superiores del grupo me hicieron creer que señalaban el camino más perfecto posible de salvación en el mundo, porque todo lo hacían como los primeros cristianos, por eso se organizaban en grupos de 12, exactamente como lo hizo Jesús, con sus 12 apóstoles. Todos desean pertenecer al grupo de los 12, el equipo principal de 12 líderes, los cuales eran tratados con el mayor respeto, con el derecho de dar directrices, ser obedecidos y muy admirados.

Al igual que en cualquier secta destructiva, al llegar un neófito (principiante; nuevo adepto) lo más que siente necesitar es aceptación y aprecio, porque no le tratan con respeto, sino como a un ignorante, que no sabe hacer nada, por lo que solo puede obedecer, sin cuestionar y sin protestar. Es por esto que aumenta tanto la necesidad de amor, estima y respeto en los neófitos. Los líderes les prometen alcanzar respeto y admiración para manipularlos, es una excelente técnica para ello, porque la trampa es hacerles creer que la condición para alcanzar subir a su nivel de estatus social dentro de la agrupación, es sometérseles obedeciendo a la perfección, pero sin cuestionar. Esto le hace sentido especialmente a cualquier persona con baja estima, al igual que a los niños.

Uno de los trucos más efectivos que utilizan los líderes de las sectas destructivas es hacer creer que superando todas las pruebas de lealtad, es como se alcanzarán todas las concesiones, se conseguirán regalos y poderes divinos. Creer que para lograrlo hay que comprobar la fe y lealtad de uno a los líderes, es la manera más cándida (ingenua) con la que puede uno caer atrapado. ¡Caen como corderitos en sus manos! Así manipulan a la gente, según su gusto y gana. De esta manera, creí que algún día, podría alcanzar el ambicioso sueño de poder ser parte del apostolado del privilegiado grupo de 12, el cual creí yo que era exactamente igual al grupo de los 12 apóstoles. 

Con ello, la Misión Carismática Internacional o G12, tiene presencia en los cinco continentes y esclaviza a todo aquel que los sigue.

Yo fui parte de la G12 durante más de 10 años, y a continuación seguiré contándoles mi experiencia con ellos, en ese lugar.